Los Orígenes y tipos de Yoga

Entre lo humano y lo divino

Los yoguis aseguran que lo que separa al ser humano de lo divino es su mente, su ego; y que todas las prácticas yóguicas están encaminadas a la realización de la verdadera naturaleza que llevamos en nuestro interior, convirtiendo de esta forma la existencia en la tierra en un estado de profunda paz y felicidad. Nos propone como objetivo la felicidad de unir el «Atman»(alma individual) con el «Brahman» (alma universal) y para ello busca la integración de los aspectos físicos, psíquicos y espirituales a través de una serie de prácticas, de las que el ejercicio corporal (Hatha yoga) es solo una parte.

Antes de repasar los tipos de yoga que se han mantenido tradicionalmente –sobre todo en la India– a través de los años, nos fijaremos en sus orígenes. Se considera que hace más de seis mil años hubo tribus indo-europeas emigrando al noroeste de la India que ya conocían los primeros rudimentos yóguicos, como muestran unas excavaciones en el valle del Indo, en especial en el Punjab. El yoga forma parte de una de las seis «darsanas» o escuelas de la fi-losofía hindú desde hace más de 5.000 años. Podemos encontrar la primera forma de yoga en el pensamiento Vedanta, pero sobretodo en los Upanishad, colección de libros basados en las experiencias místicas de sus ascéticos autores.

Varios tipos de yoga

A la pregunta de por qué hay varias clases de yoga, los yoguis responden que de la misma forma que un traje no puede ir bien a todas las personas, sino que se necesitan varias tallas y patrones, según sea el cuerpo de cada cual, tampoco existe una técnica yóguica capaz de abarcar las necesidades de todas las personas por igual.

Junto al Hatha yoga, existen básicamente cuatro yogas: Karma yoga, Bhakti yoga, Raja yoga, y Ñana (Gnana) yoga.

Una vez sabido que el yoga está encaminado a la autorrealización, podremos elegir el más adecuado para cada temperamento. Los maestros aconsejan tomar un tipo de yoga como principal, con la ayuda de los demás. Seguir la senda del Karma yoga y trabajar, traba-jar y trabajar sin ningún sentido no es válido, pues también los asnos trabajan y no consiguen nada.

El Karma yoga es el yoga de la acción desinteresada, el yoga de la dedicación a los demás sin pedir nada a cambio. Al entregarse uno completamente y dedicar todos sus esfuerzos a satisfacer las necesidades ajenas antes que las de uno mismo, va quemando poco a poco su ego. Sri Aurobindo señaló que «trabajar desinteresadamente es orar con el cuerpo ». Este yoga lo practican las personas muy activas que siempre necesitan estar trabajando de una forma u otra. Es el yoga que practicó Gandhi.

El Bhakti yoga es el yoga de la devoción, típico de las personas con un carácter más bien emocional. Es la entrega personal a lo divino. Los Bhakti yoguis dedican todos sus esfuerzos a Eso, están en continuo diálogo con Eso, sólo tienen a Eso en mente, ven lo divino en los demás y en todo lo que les rodea. Un ejemplo de Bhakti yogui fue Jesús.

El Raja yoga es el yoga del control mental. Es el yoga que estudia el funcionamiento y los misterios de la men-te y a través de ello su control, y está íntimamente ligado con el Hatha yoga o yoga físico.

El Gnana (o Ñana) yoga es el yoga del conocimiento, el yoga intelectual. Se basa en preguntas como quién soy yo, de dónde vengo, a dónde voy, a las que los gnana yoguis responden: «Tat Twam Asi», («Tú eres Eso»). Y consiste en la desidentificación de uno con el cuerpo, los sentimientos, la mente, y la identificación de uno con su verdadera naturaleza.

Prana

Otro elemento esencial del yoga ha tomado, desde los orígenes, la importancia de una concepción cosmológica, la del aliento de vida, prana. Esta trasposición era tanto más justa porque, en el mundo exterior, el viento corresponde al prana. Ya en el Atharva-Veda, aparece prana como el principio creativo del mundo y son los primeros indicios del control de la respiración, método que fue luego extensamente desarrollado en el yoga como pranayana.

¿Por qué los yoguis siguen una dieta vegetariana?

En sus Yoga Sutras, el sabio Patanjali define el yoga como «el control de las modificaciones mentales» («Yogash Chitta Vritti Nirodhah»). Dicho de otro modo, todo tipo de yoga tiene como finalidad el control mental.

La mente y el cuerpo están íntimamente ligados. Occidente dice que la materia precede a la mente. Los «orientales » afirman que la mente precede a la materia. (Ésta es una de las grandes diferencias entre la filosofía oriental, que trata de hallar la felicidad dentro de uno mismo, y la occidental, que trata de hallar la felicidad en el exterior).

La mente está formada por materia, por materia sutil no perceptible por la vista. De la misma forma que el cuerpo está compuesto por elementos sólidos, líquidos y gaseosos, la mente también está formada por compuestos de varios grados de densidad con diferente vibración cada uno. Una parte de los alimentos que ingerimos sirven para abastecer al cuerpo físico de energía, otra parte pasa directamente a los intestinos para ser eliminada junto con los productos de desecho del cuerpo, y la parte más sutil de la comida es la que alimenta a la mente; por consiguiente todo lo que ingerimos tiene una acción directa sobre la mente.

Los yoguis han clasificado a los alimentos en tres grupos:

Sátvicos: o alimentos puros, que por decirlo de alguna forma aportan más luz y pureza a la mente. Son las verduras, frutas, cereales, legumbres, lácteos y miel.

Rayásicos: o alimentos excitantes que irritan a la mente. Lo son todos los picantes, salsas fuertes, chiles, cebolla, ajo, huevos y algunos tipos de carnes y pescados.

Tamásicos: o alimentos que oscurecen y adormecen a la mente. Son todos aquellos platos pesados de digerir, fritos, carnes pesadas y grasientas, la mayor parte de la comida industrial…

De hecho podemos observar diariamente a personas con estos diferentes tipos de carácter. Existen personas que parecen ángeles bajadas del cielo, increíblemente pacíficas. Hay otras que piden siempre guerra por su continuo estado de nerviosismo. Y también hay quienes parece que vayan dormidas por la vida. Claro está que también depende del grado de evolución personal, como también depende el escoger una dieta u otra. Cada uno se adapta con lo que más se siente identificado.

Por este motivo, aparte de por razones de tipo ético e higiénico, los yoguis son vegetarianos, y tratan de seguir una dieta lo más sátvica posible.

Esta teoría la sabían bien los hindúes cuando en la guerra contra los ingleses quisieron utilizar a los elefantes como animales de batalla y tras varias pruebas descubrieron que la forma de convertirlos en más agresivos era cambiándoles parte de la dieta vegetariana por carnívora.

Mente y aura

Tradicionalmente los yoguis recuerdan que alrededor de nuestro cuerpo físico hay una emanación de energía a la que llamamos aura. Esta aura se hace más grande o más pequeña, y cambia su color y forma según el estado anímico y de salud.

Los yoguis viven de cerca los efectos de la meditación, tanto en lo sutil (aura) como al considerar los beneficios sobre la salud del yoga terapéutico.

Las tres gunas

Desde la sabiduría yóguica se nos habla de tres fuerzas que gobiernan la naturaleza e iluminan el sendero humano. A estas fuerzas se les llama gunas y, como hemos visto, son tres: satva, rajas y tamas. Dan lugar al comportamiento que determinará nuestra vida. Su entendimiento es transformador y muestran cómo un estilo de vida sátvico puede permitirnos sanar y ayudar a sanar el mundo.

El Ayurveda tiene una mirada amplia que interrelaciona la persona con su entorno. Dice que una mente sana es necesaria para un cuerpo sano y que sin una sociedad y entorno sanos es muy difícil tener salud. De este modo vemos que no hay separación entre la salud personal y la social.

Lo sátvico es lo creativo, optimista y brillante; se centra en la pureza de los medios, no espera recompensa ni tiene apego alguno. Busca la plenitud y el fin del sufrimiento de todos los seres. Tiene que ver con lo sencillo y con la elegancia, la autenticidad y lo hermoso de lo natural.

Lo rajásico es energético, estimulante y activador; se ocupa de alcanzar objetivos, intereses. Busca el éxito, el poder y tiende a la ira. Tiene que ver con lo extravagante y lo excesivo. Es un camino lleno de las tentaciones y trampas de lo reluciente, las riquezas y el poder, que muchas veces conducen a la frustración y el descontento.

Lo tamásico es la inercia, lo pesado y dominante, dicta que el fin justifique los medios. Busca el control y su ten dencia es a la venganza. Tiene que ver con lo oscuro, lo deprimente, lo destructivo y el miedo, crea confusión.

En un estado de verdadera realización, las gunas se trascienden porque no existen etiquetas definitorias ni dualidades. Lo que hay es una armonía interna y externa que nos brinda el verdadero gozo. Sin embargo, para llegar a él tenemos este mapa de gunas, cuya comprensión, puesta en práctica de manera proporcionada y con la combinación justa, nos hará tomar las decisiones correctas para seguir el camino verdadero.

Tres tipos de felicidad

El maestro Satish Kumar dice que hay tres tipos de felicidad a nuestro alcance: La sátvica, resultante de una comprensión clara de uno mismo y del mundo. La rajásica, fruto de la gratificación de los sentidos, que al principio parece néctar, pero luego se convierte en veneno. La tamásica, que nace del engaño que se desprende de la pereza y de la negligencia.

Hoy en día la sociedad es predominantemente rajásica y lo curioso es que muchos estamos buscando obtener resultados sátvicos con comportamientos rajásicos. Nos vemos abocados así a la frustración por no conseguirlos, puesto que en realidad hemos de entender que el cambio se producirá al cambiar la raíz de esa tendencia rajásica (es decir, los hábitos).

El miedo es vencido por un amor que no se expresa para quedar bien, sino que sencillamente defiende la vida de la mentira. La vida sátvica es accesible a todo el mundo, no necesita de dinero ni de grandes recursos y se organiza armoniosa, fácilmente por sí misma. Es sencilla y sublime en el día a día. Encuentra la belleza del detalle, del medio, de la magia diaria, ya que aprecia y celebra la bondad intrínseca en lo natural y, por tanto, respeta los recursos naturales, crea verdaderas comunidades y lleva a la satisfacción. ■

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